Monacato Eliata

Ideario del Monacato Eliata

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I.- Proemio.

Ya hay Órdenes Monásticas ortodoxas, beneméritas, que tienen Liturgia grandiosa, abundancia de vocaciones, abadías góticas y una disciplina magnífica. Lo de esas Órdenes es glorioso y digno de toda admiración.
Ahora bien, la vida contemplativa en la Orden San Elías es muy distinta y su ideario lo expondremos en estas pocas líneas.
II.- El Monacato Eliata: Monacato de Frontera.

Donde pueda fundarse un Monasterio, que vayan las Órdenes Monásticas beneméritas.
Donde no pueda fundarse un Monasterio –sea por razones de persecución, sea por las extrema dificultad de accesibilidad geográfica-, podrán ir los Monjes Eliatas.

El Monacato Eliata será un “Monacato de Frontera” y, en tanto arrecien las persecuciones de parte de los infieles, será un Monacato itinerante que imitará a la Sagrada Familia en su sagrada fuga a Egipto.
En principio, el Monacato Eliata será eremítico. Salvo excepciones muy especiales, ningún eremitorio estará aislado sino que siempre tendrá cerca otro de modo tal que siempre hayan dos o tres ermitaños geográficamente cercanos, lo cual permitirá que se ayuden los unos a los otros -en todo lo que requieran- y que uno sea el superior.
El Monacato Eliata se localizará en zonas totalmente infieles, donde no haya nada de Cristianismo, pero principalísimamente apuntará a las zonas budistas, montañosas o desérticas.
Excepcionalmente, si algún monje cree que el Espíritu Santo se lo inspira, podrá fundarse eremitorios en otras zonas infieles y remotas, como ser una zona polar o alguna remota isla prácticamente inaccesible.
Siendo un Monacato de Frontera, los ermitaños sabrán que vivirán continuamente expuestos al sacrificio supremo. En efecto, en cualquier momento, podrán ser expulsados por el Gobierno, apaleados o martirizados por los infieles, imitando así a nuestro Señor hasta el final, al “dar la vida por los amigos” (Jn XV, 13). He aquí que los monjes eliatas deberán vivir con una permanente disposición al martirio sabiendo que éste efectivamente puede llegar en cualquier momento (cfr. Lc XII, 20: “…esta misma noche vas a morir…”).
III.- Aspectos prácticos del Monacato Eliata.

Antes de volverse ermitaños, los monjes, luego de un curso sobre el Ideario del Monacato Eliata, serán formados en la vida contemplativa y religiosa viviendo el tiempo que sea necesario en alguna Abadía tradicional francesa, donde a su vez experimentarán por períodos breves la vida eremítica. Sólo cuando esten preparados, podrán partir a vivir a perpetuidad como ermitaños en las remotas regiones de la Infidelidad. De todos modos, una vez hecha la formación abacial, podrán hacerse las experiencias preparatorias de vida eremítica en tierras de Misión por breves períodos.
Si se puede, irán con los papeles en regla, mas sino podrán partir sin visa, vacando en Dios sabiendo que la vida del ermitaño eliata es una vida que literalmente cuelga de la Divina Providencia.
La intención de oración de los monjes eliatas no será una bolsa de superabundantes preces inconexas sino que, en lo que toca a la deprecación por los demás, su prez casi exclusiva no será otra que la conversión de los pueblos paganos, especialmente la del pueblo donde ellos están.
En lo que respecta a las causas segundas, una de las vías que, pueden ser más eficaces para atraer conversiones es el exorcismo. Los monjes eliatas serán exorcistas, no sólo dirigiendo exorcismos periódicos y privados sobre el país en el que vivan (para lo cual no hace falta permiso alguno si se es Sacerdote) sino pidiendo a los nativos que le traigan los posesos que haya para que así quede de manifiesto el poder victorioso de la Cruz y la superioridad del poder divino sobre el de los demonios y sus ministros, esto es la superioridad del Catolicismo –que es la única Religión vera- sobre el Paganismo. Este énfasis en el exorcismo –que permite imitar a Cristo (“le llevaron a todos los enfermos y endemoniados, y la ciudad entera se reunió delante de la puerta” [Mc I, 32-33]) se debe en parte a la central importancia que para el Budismo tiene el exorcismo. Valga precisar que en Bhutan hay una elevada tasa de posesiones diabólicas, las cuales son tratadas por los monjes paganos, lo cual no solo no obtiene soluciones sino que puede aumentar el daño satánico ya que luego del “exorcismo pagano”, el diablo bien puede ir “a buscar a otros siete espíritus peores que él; vienen y se instalan allí. Y al final, ese hombre se encuentra peor que al principio” (Mt XII, 45).
En lo que hace a la morada y al alimento, los ermitaños eliatas deberán rebuscárselas con la ayuda divina y de su compañero para subsistir, teniendo grabada a fuego aquella enseñanza del Señor de Mt VI, 25: “No se inquieten por su vida, pensando qué van a comer, ni por su cuerpo, pensando con qué se van a vestir. ¿No vale acaso más la vida que la comida y el cuerpo más que el vestido?”. Queda claro entonces que el Monacato Eliata vivirá la pobreza en su máxima radicalidad, sin ningún tipo de conmiseraciones para con la carne. Respecto de las dificultades del terreno, téngase en cuenta el ejemplo de Fray Juan Pecador que entró a evangelizar el Amazonas y no se tuvo más noticias de él, perdiéndose en la selva por amor a Dios y por la redención de los infieles.
IIII.- Proyección Misional del Monacato Eliata

La proyección misional del Monacato Eliata no podrá ser otra que la de convertir pueblos paganos enteros y que en estos se implante la Santa Cristiandad, esto es, el Reinado Social de Jesucristo, para que se salve el mayor número de almas y Dios sea máximamente glorificado.
En orden al fin mencionado, se aspirará a que se formen ciudades, esto es, cristiandades, alrededor de los eremitorios. Si se consigue este fin, los eremitorios se convertirán en Monasterios.
La vida del ermitaño será propiamente contemplativa, como es evidente, pero, siguiendo las mociones del Espíritu Santo, cada ermitaño, imitando a los Monjes medievales irlandeses, podrá partir en Misión a convertir infieles orientado a fundar Monasterios de paganos conversos, siguiendo el ejemplo de San Columbano y sus discípulos llevando a cabo la tradicional Peregrinatio Pro Christo, la cual práctica es una de las más emblemáticas glorias de la Historia Monástica.
Sin perjuicio de lo dicho, nada tendrá que ver con nuestro espíritu el girovaguismo monacal. Por el contrario, los ermitaños eliatas vivirán con la estabilidad propia de quien tiene un lugar fijo, y así será hasta que los expulsen los infieles, que en cualquier momento podrán venir degollando. Cuando sean expulsados, los monjes se sacudirán el polvo de sus pies, y partirán a otras zonas, como nos mandó el Señor al decir: “Y si no los reciben ni quieren escuchar sus palabras, al irse de esa casa o de esa ciudad, sacudan hasta el polvo de sus pies” (Mt X, 14).
A los ermitaños eliatas no se les pide ningún apostolado directo, pero tampoco se les impide. En esto se manejan con toda libertad de espíritu siguiendo las mociones del Divino Espíritu.
Por medio del ejemplo, de la oración y el sacrificio, los ermitaños aspirarán a atraer a los nativos, en particular, para que se conviertan sus discípulos de modo tal que puedan fundarse así comunidades monásticas. Este discipulado monástico-misional exigirá que el ermitaño tenga gran docilidad al Espíritu Santo.
Los ermitaños eliatas, por tanto, aspirarán a convertir a los monjes paganos para que ellos se salven y para que los monjes paganos conversos vayan a convertir a los demás monjes paganos y, a su vez, funden Monasterios Católicos nativos.
Nada nos impide soñar. Y soñar en grande ya que, como le dijo el Ángel a la Virgen, “no hay nada imposible para Dios” (Lc I, 37). He aquí que soñamos que así como en los albores del Cristianismo los desiertos se llenaron de monjes, en el Tercer Milenio se pueda hacer realidad aquel sueño de San Juan Pablo II, esto es, el sueño y aun la convicción de que así “«como en el primer milenio la cruz fue plantada en Europa y en el segundo milenio en América y África, así en el tercer milenio se pueda recoger una gran cosecha de fe en este continente [Asia] tan vasto y con tanta vitalidad»”. O más brevemente, esperamos que el Tercer Milenio sea el Milenio de Asia.
V.- Fuentes inspiradoras del Monacato Eliata.

El Monacato Eliata no es fruto de una invención totalmente novedosa sino que sus notas caracterizantes provienen de la gran Tradición Monástica de la Santa Madre Iglesia, asumiendo y armonizando elementos de diversas escuelas contemplativas de la Catolicidad. Más específicamente y dicho de modo sintético, el Monacato Eliata será como una síntesis de la estrategia misional de Mateo Ricci y del estilo eremítico-misional del Beato Charles de Foucauld, esto es, se buscará asumir todo lo propio del Monacato pagano salvo lo herético, lo pecaminoso o lo que constituya apariencia de mal (inculturación ricciana) a la vez que se procurará atraer a los paganos a la conversión por medio de la vida eremítica (anacoretismo ad gentes).
Incluso, sin perjuicio de lo anterior, además de la doble inspiración ricciano-foucauldiana, el Monacato Eliata hallará inspiración y modelos en los Padres del Yermo –imitándolos en su fuga mundi y en su retirarse a vivir en soledad a lugares aspérrimos abandonados a la Divina Providencia-, en el Monacato céltico Misionero y su Peregrinatio Pro Christo (San Columbano, …), en el Nomadismo Apostólico de los Doce, en los Mártires de Argelia (en tanto fue un “Monasterio Mártir”, ultimados por los musulmanes simplemente porque su presencia “molestaba”) y en la dimensión exorcística de San Benito.
Ahora bien, el principal modelo evidentemente será nuestro Señor en su retiro al Desierto, donde ayunó, luchó contra al demonio y lo venció. El segundo modelo monástico será San Elías, quien fue uno de los más santos eremitas jamás habidos y que inspiró con su ejemplo el Monacato Carmelitano que lo tiene por Padre.
VI.- Epílogo

Los ermitaños eliatas deberán vivir con una disposición absoluta al martirio sabiendo que ellos están llamados a vivir no sólo la aventura misionera sino también la aventura monástica, las cuales dos aventuras, en el caso del Monacato Eliata, se identifican, entrelazan y radicalizan y esto a tal punto que la vida se vuelve ensueño y el ensueño es ensueño de hazañas y épica sobrenatural, donde las metas son magnánimas y humanamente imposibles, para la mayor gloria de Dios, Quien no sólo todo lo puede sino que se goza en participar de algún modo Su Omnipotencia a quienes le obedecen.
El Monacato Eliata será Monacato de Frontera, será Aventura Monástica, será Vanguardia Monástica Martirial, donde no hay nada asegurado salvo Dios, donde el riesgo es casi absoluto y continuo y donde se podrá vivir con radicalidad máxima aquello que el Salmista le atribuye al Señor: “mi vida está siempre en peligro” (sal 118).
El Monacato Eliata, siempre unido a María Santísima, contemplará al Dios Trino y Encarnado, para adorarlo e imitarlo, y mirará las vastas extensiones del paganismo, cuyas murallas querrá derribar con la espada del ejemplo heroico, la oración incesante, la mortificación generosa y la Palabra de Dios, según la mística conquistadora del Salmo XVII:
¡“Fiado en mi Dios, asalto la muralla”!

Terminado el 29 de enero de 2016, Fiesta de San Juan Casiano,
Monje del Desierto y Patriarca de la Vida Monástica.

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