Espiritualidad

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La espiritualidad eliata tendrá cuatro pilares: la habitual actitud épica, la virtud de la parresía, la fidelidad al secreto divino y la plena marianización de la vida.
La habitual actitud épica consiste en que el alma este toda sedienta de épica sobrenatural, lo cual pide al alma buscar en la oración, cuáles son las mayores hazañas que puede hacer por Dios. Las hazañas no serán sino hazañas apostólicas y tendrán por fin glorificar máximamente a Dios, Cuya gloria se halla en la salvación eterna de las almas.

La santidad es la imitación mas perfecta posible de nuestro Señor Jesucristo. Ahora bien, como “Dios ha dispuesto a cada uno de los miembros en el cuerpo, según un plan establecido” (1 Cor XII, 18), esta imitación solo será posible en la fidelidad a Su Voluntad, esto es, solo será posible en la medida en que cada religioso descubra y viva el secreto irrepetible que el Espíritu Santo quiere que cada uno viva, teniéndose presente que Dios puede pedir misiones muy por encima de las propias fuerzas y que no hay dos almas con igual secreto puesto que el Espíritu Santo no se repite jamás y puesto que “cada uno recibe del Señor su don particular: unos este, otros aquel” (1 Cor VI, 7). El secreto de cada cual solo lo puede revelar Dios ya que, como enseña el Apóstol: “nadie conoce los secretos de Dios, sino el Espíritu de Dios” (1 Cor 2, 11).
Se sabrá que “la santidad respeta y desarrolla cada personalidad” y que se debe aspirar (¡valga la osada paradoja!) “a la imitación de sí mismo: es decir, la imitación de Cristo según la voz interna del Espíritu de Cristo”. Es por esto, que todos deberán prestar atención para que “la necesaria exigencia de lo uniforme, de lo común y lo externo” no se haga opresiva a la vocacion personalísima de cada religioso -que jamas debe renunciar a su conciencia-. Nadie tome esto nadie como licencia para la anarquía.

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