Sobre el “rito nepalí” (un gran fruto del progresismo misional)

I.

No es fácil encontrar al Obispo en esta diócesis ya que es una zona enorme y Su Excelencia vive visitando todas las comunidades edificando grandemente al pueblo de Dios.
Estando de paso por la ciudad de Nhamchy, un sacerdote me dijo que providencialmente el Obispo iba a pasar por acá en un par de días. El sacerdote me recibió en la casa religiosa, donde viven varios prelados de la misma congregación.

Me recibieron con gran caridad, con una hospitalidad propia del Buen Samaritano. Pero, una cosa fue del todo crucificante: la Liturgia. Expliquémoslo.

II.

Todos los días a las 06:30 tenemos la Santa Misa, en la cual participan unos ocho sacerdotes religiosos y algunas feligresas que estudian en el profesorado anexo a la casa presbiteral.
A mí me toca siempre concelebrar. Aunque, hablando con más propiedad, el único que concelebra aquí soy yo ya que ningún sacerdote salvo el “presidente” recita la fórmula consecratoria. .
Desde ya que salvo el celebrante principal, ningún otro prelado usa ornamentos. A mí me prohibieron revestirme. El mismo celebrante principal puede optar entre usar una casulla o un extraño manto llamado “shor” que sólo cubre los hombros y parte de la espalda. El shor es usado por los brahmines (¿no será “brahmanes”, en español?) hindúes al invocar a los ídolos del panteón.

Ningún sacerdote besa el altar, ni al comienzo ni al final, ni siquiera el “presidente” (personalmente, me causa rechazo la expresión “presidente” para referirnos al celebrante principal pero no conocemos más sinónimos).

Ninguno, ni siquiera el celebrante principal, respeta las posturas litúrgicas, ni aun elementalmente. En efecto, en toda la Misa, sólo hay una sola postura: estar sentados. Nadie se para, nadie se arrodilla y, más aún, ni siquiera los sacerdotes elevan los brazos. Yo fui el único que elevó los brazos al rezar el Padre Nuestro.

Los sacerdotes “concelebrantes” pasan a recibir la comunión como cualquier laico respondiendo “amén” luego de que el celebrante principal dice “el Cuerpo y la Sangre de Cristo”.
Demás está decir que, hasta donde vi, nadie, al entrar a la capilla, hizo la genuflexión.
El mismo altar es bajísimo de modo tal que es imposible celebrar de pie salvo que uno quiera contraer lumbalgia (sería una lumbalgia litúrgica contraída por salvar el decoro de los ritos sacros).

Nadie se queda a hacer la acción de gracias. El desayuno empieza inmediatamente después de la Misa.

En la capilla no hay ningún santo salvo una obligada imagen mariana y un cuadrito de la Madre Teresa.
La capilla carece de asientos de iglesia y reclinatorios. No recuerdo haber visto la pila de agua bendita. Parece más un salón protestante que una capilla católica.

III.

En el desayuno, le pregunté a los curas lo siguiente:

  • “¿Qué rito estamos celebrando? Pregunto esto porque esto no es el rito latino. ¿Es esto rito nepalí?”.

No se esperaban esta pregunta. Entonces, uno de los sacerdotes me dijo:

  • “Es rito latino, ¿por qué preguntas?”.

Y le dije:

  • “Pregunto porque es una misa muy distinta, es una misa sentados…”.

Se quedó sin respuesta y le dio la palabra a uno más viejo, el padre X.
El padre X dijo:

  • Es rito latino pero inculturado. Los malabares tienen su rito, los griegos tienen su rito, acá hace falta un rito inculturado”.

Y luego criticó al Papado y al Episcopado por no haber aprobado una liturgia inculturada al estilo de la India.

Entonces, le dije:

  • “Pero, en este distrito hay al menos seis culturas distintas (subbas, tibetanos, rongs, hindúes, …), ergo no podemos imponerles una inculturación india”.

Me respondió que hay que hacer una inculturación según la cultura dominante. Le repliqué que en esta zona es motivo de seria disputa tribal la identificación de la cultura dominante. En efecto, cada tribu suele creer que la suya es la predominante.

La réplica mía era irrefutable y entonces el sacerdote “inculturador” dibujó una nueva teoría:

  • “Es preciso inventar una inculturación litúrgica que respete el mínimo común denominador de las culturas del país”.

Aclaremos que acá el país tiene más de 1000 lenguas diversas por lo cual es muy difícil, o imposible, hallar siquiera un patrón cultural común. Pero, le contesté que el país en cuestión históricamente invadió la zona en la que estamos y que por ende la pretendida inculturación es en realidad una agresión. Su respuesta fue sincera y breve: “estoy completamente de acuerdo”. Ninguno de los sacerdotes presentes aportó más nada.

 

IV.

En el desayuno, no estaba el padre Z., que es mi anfitrión. Ergo a media mañana le repetí brevemente el diálogo del desayuno y le pregunté quién es el inventor de este extraño modo de celebrar la Misa. Lo cierto es que ya muchas veces y en diversos lugares he visto y padecido este mismo “modus orandi”.

El padre Z. me dijo que todo se remonta al post-concilio, cuando apareció una tendencia de ciertos “teólogos” de diversas congregaciones que quisieron inculturar el Evangelio en India. En el medio de la charla, llegó el padre X y juntos me dieron el elenco de nombres: Balasuriya OMI, Anthony De Mello SJ, Panhikar, Amaladoss SJ, Dupuis SJ y un español llamado Bermejo. Casi todos ellos ya fallecieron pero su influjo sigue vivo.

Es interesante remarcar que el padre Z me dijo lo siguiente: “si en Roma se enteraran de cómo celebramos la Misa, tendríamos problemas…”.

  • “Yo, como están las cosas hoy, no lo creo” (pensé para mis adentros).

También es relevante anotar que cuando le hice notar que en realidad no hay concelebración ya que los “concelebrantes” no pronuncian la fórmula consecratoria, se reía y reía. Le pregunté la causa de su risa, pero no me respondió.

 

V.

Luego hablamos un poco de los pseudo-teólogos mencionados, Padres de la Apostasía de la Misión en India, Sri Lanka y otras zonas del Sur de Asia. Digo lo que X y Z me dijeron:

Bermejo fue el pionero de la inculturación litúrgica Indiana, De  [Ca]Mello fue un super-liberal que inventó un nuevo método espiritual fundando un movimiento llamado (¡casualmente!) “Satana” (lo escribo como suena en español, aunque la romanización oficial es “Sadhana”) que significa “contemplación”. De Mello SJ trató de amalgamar al Zen (no el heroico Cardenal sino el budismo nipón) y la Fe atrayendo muchos discípulos. Balasuriya escribió sobre la Virgen Sacrosanta llegando al sacrílego extremo de negar su divina maternidad, aunque luego de haber sido excomulgado, se retractó. Después me hablaron de Amaladoss SJ, quien fue asistente general de la curia jesuítica y que, no per caso, es reivindicado por el apóstol de Sodoma y Gomorra, James Martín SJ, que por insólito descuido (?) fue puesto como asesor vaticano. Amaladoss se llegó a preguntar lo siguiente:

 

  • «En el actual contexto de pluralismo religioso ¿tiene aún sentido proclamar a Cristo como el único nombre en el que todos hallan la salvación e invitar a todos los hombres a convertirse en sus discípulos?» (Vidyajyoti, 1985).

 

Que Dios nos de la gracia de la perfecta reverencia en la sagrada Liturgia. Para Su mayor gloria. Para la salvación de las almas. Para la evangelización de las culturas. Que Dios nos salve de la metástasis de las liturgias y “teologías” progresistas, que no sólo no convierten a nadie sino que corrompen a los que las profesan.

 

Padre Federico, S.E.

Misionero en el Himalaya

16/X/17

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