Apuntes para la pastoral vocacional (contra el fariseísmo)

jesusexA Castellani lo tenía perfectamente sin cuidado el número de «vocaciones», como se desprende cuando comenta la Revolución Francesa (Belloc había escrito que Francia era una nación de ateos):

«Sí, bautizados y que iban a las procesiones y a los congresos eucarísticos. Nunca clero alguno en ninguna época y región tuvo más número de “vocaciones” (667 obispos establecidos y algunos en trámite, 155.900 clérigos y religiosos, de los cuales 11.400 canónigos y prebendados según el cálculo de Taine) nunca más bienes ni más poder político; y nunca estuvo peor la religión tomada como cuerpo social y dejada aparte la santidad de algunas almas individuales» (La Ausencia de Poder, en Dinámica Social, n. 77, Centro de Estudios Económico-Sociales, Buenos Aires, 1957, p. 6).

Se encontrará un acabado retrato de «vocaciones» falsificadas en la figura de Fray Fulgencio, personaje de su Benjamín Benavides (Parte II, Cap. 3). Allí don Benya afirma que

«La vida religiosa no es para todos. Y así como uno se puede equivocar no entrando en religión como Dios lo llamaba, que es lo más frecuente, así también se puede equivocar al revés…».

Casos de esos, dice don Benya, se cocinan en conventos en los que

«la pobreza desemboca en envilecimiento o suciedad, la obediencia en servilismo, la castidad en misoginia y dureza de corazón, la oración en aburrimiento, la abnegación en mutilación; y el “abandono de to das las cosas” hecho no en la caridad ni dentro de la contemplación, convierte a los hombres en bueyes, o en carneros o en plantas. El despojarlos de los incentivos comunes del vivir, sin lograr darles los incentivos extraordinarios, simplemente les disminuye la vida; y a veces se la estanca y corrompe […] El diablo falsifica la obra de Dios […] Falsifica la religión y la vuelve fanatismo, falsifica la mística y la vuelve política, falsifica la predicación y la vuelve propaganda, la piedad en santulonería, el ascetismo en hurañez, estolidez y orgullo vano».

Y un poco adelante cuando se le objeta a Don Benya que la orden sacó de Fray Fulgencio todo lo que era posible, el hebreo contesta secamente:

«“-Más le valiera haberse casado.”» (cf. p. 118 et seq.).

Por otra parte, estando en Manresa anotó lo siguiente:

«Patanes innumerables han llegado al sacerdocio. De este hecho se desprenden serias consecuencias. El sacerdocio es una dignidad altísima. Pero supone disposiciones en el sujeto. Las disposiciones son los “carismas”. Los carismas deben preceder al confiero. Conferido sin disposiciones no cambia al hombre, no lo hace de nuevo. Un patán podrá absolver válidamente y consagrar válidamente. Nada más. No puede dirigir, no puede gobernar, mucho menos iluminar. La armadura de hierro puesto sobre un anémico produce un ser peligroso. Peligra la cristalería fina en manos de un idiota» (Diario, 12-VIII-47).

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Un comentario

  1. Muy bueno. Muy edificante

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